
Después de estos años de objeción algunas familias hemos aprendido sobre ciudadanía, libre y participativa, lo que jamás imaginaron sus creadores. Por supuesto a nuestros hijos también les ha tocado aprender a ser ciudadanos, en muchísimos casos de una forma brutal (teniendo en cuenta su edad) pues los hacían diana de cualquier tipo burla sobre la opción que sus padres habíamos tomado. Esto, y algunas presiones de diversos tipos (padres separados, hijos de profesores que ejercían en el mismo Centro) …. han conseguido que, en ocasiones, el alumno entrase a clase de EpC.
Los alumnos que se han salido de clase este curso que ahora acaba, en un porcentaje alto, han encontrado el camino mas despejado puesto que el Centro ya tenía la experiencia de alumnos objetores y no han comenzado la «batalla» sino que han actuado con los mismos procedimientos que ya se han hecho «normales»: meterlos en bibliotecas o en aulas vacías.
Todavía quedan directores, jefes de estudios, o tutores que quieren quedar bien ante las distintas consejerías de educación y que cada cierto tiempo mandan carta a la familia avisando de «los problemas que esto va a ocasionar a su hijo-a», llamadas a despachos para «avisarle de los deberes del alumno». Charlas larguísimas para convencer a la familia de que «tiene que llevárselo del Centro». Una vez que la familia mantiene su posición en que el niño no salga del centro, mas discusiones, tiras y aflojas para ver «qué hacemos con el alumno si no entra en clase, porque no hay clases vacías y la biblioteca no se va a poder usar todas las veces», etcétera.
Uno de los temas que me preocupan como madre objetora es la calificación, no ya porque aparezca un suspenso en algo que no le han podido evaluar al alumno, sino en que cuando consigues que éste no aparezca, en su lugar hay un espacio vacío, a veces sombreado, y que no deja constancia escrita por ningún sitio de a qué es debido. Ahora en mi centro estamos intentando que de alguna forma se aluda a que la no calificación es debido a ser un alumno objetor
Hay casos en que el Centro no informa a la Consejería de Educación, puesto que algunos directores mantenían los papeles de la objeción en un cajón pasando estos alumnos objetores a ser verdaderamente «invisibles».
Las plataformas de padres objetores no paramos en todo el año pues los padres nos consultan, no solo legalmente, si no para ir con ellos a hablar con la dirección del Centro e ir limando los problemas que hayan surgido. Y sobre todo a final de curso, en el que hay que hacer infinidad de pesquisas para informarse de qué piensa el Centro hacer con respecto a la promoción al curso siguiente.
Pili Colomina
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Fantástica reflexión Pili; me ha hecho pensar en “los invisibles”; mi hijo ha sido de los visibles, pero cuando crezca es verdad que tendrá la satisfacción de haberse opuesto a los totalitarios en la publica; pero los compañeros de la concertada cuyos padres están siendo (en algunos casos) “toreados” por la dirección del centro se encuentran en un limbo improductivo.
Como dice la palabra de Dios; La “muerte” de
nuestras comodidades dará su fruto y la situación a la que se ha enfrentado mi hijo mayor (15 años) y este próximo curso el segundo (14 años) y el tercero (11 años) dará su fruto. Pero ¿tienen derecho estos caciques de nuevo cuño a “congelar” nuestras existencias?
saludos y ánimo
Aúpa, Pili. Tengo la esperanza de que con la llegada de la educación afectivo-sexual del gobierno, muchos padres “caigan del guindo”.
Mientras tanto, adelante y Ni un paso atrás.
Un abrazo,
Enhorabuena a los padres valientes que van contra corriente. Mis hijos aún son muy pequeños, pero llegará el día que me toque a mí presentar batalla contra el adoctrinamiento ideológico en el colegio. Gracias por ir abriendo camino para los que vamos detrás.Recibid todo mi apoyo.