Acababa de terminar la carrera de Filología Clásica en Salamanca. Elegí esa especialidad frente a otras porque tenía más posibilidades de encontrar trabajo al terminar: tenía “salidas”, palabra mágica, frente a otras carreras de letras que me gustaban más pero que me condenaban a un paro más o menos largo.
Para optar a una plaza de profesora, había que hacer un Curso de Adaptación Pedagógica (CAP se llamaba) a cargo de los flamantes profesores de la Facultad de Pedagogía y Psicología de Salamanca.
En la primera clase que nos impartió un individuo del que no aprendí nada, y a la que asistíamos en un aula enorme los alumnos recién licenciados de varias facultades de filología, ya se nos avisó de que se avecinaban «tiempos nuevos: Los de Clásicas podéis hacer una pajarita con el título, que ya no os va a servir para nada» dijo el chistoso docente salmantino a quienes llevábamos cinco años aprendiendo, en lengua original, el saber de los pueblos que pusieron una nada despreciable parte de las bases de lo que hoy somos.
«Una pajarita con el título». El Latín y el Griego desaparecían del sistema educativo. Yo no conocía a Marchesi, pero aquel docente que no transmitía nada útil, sí. Y sabía que se estaba fraguando, probablemente con su intervención, un nuevo sistema educativo donde sobraba todo cuanto los clásicos nos transmitieron: respeto a los mayores, deseo de superación, búsqueda de las leyes justas y el bien común, asunción de responsabilidades, capacidad de esfuerzo, sacrificio por ideales, espíritu crítico, búsqueda de la verdad…
Llevaba cinco años en Salamanca empapada en Cicerón, Platón o Demóstenes, pero ni conocía a Marchesi ni tenía conocimiento de que un grupo de sabios pedagogos y psicólogos infantiles se disponían a cambiar el mundo comenzando por descartar del sistema educativo a aquellos pensadores obsoletos y aburridos escritores.
Digo que no aprendí nada de aquel individuo… quizá sí: aprendí a nadar en aguas revueltas, porque descubrir que hoy crees tener algo que al momento es nada, una pajarita de papel, por ejemplo, ya me lo habían enseñado esos tíos aburridos: «los clásicos». Tratando de salvar los pocos trastos que pude en el naufragio, oposité para profesora de Educación Física.
Nadando entre el latín y la gimnasia, recuerdo la conocida anécdota en la que en un debate en las Cortes franquistas el Ministro Secretario General del Movimiento Don José Solís Ruiz defendía un proyecto de ley para aumentar el número de horas dedicadas al deporte en los colegios en detrimento del estudio de las lenguas clásicas.
En medio del discurso se preguntó: -¿Para que sirve hoy el latín?
Don Adolfo Muñoz Alonso, profesor de la Universidad Complutense y amante de la cultura, no pudo contenerse y desde su escaño increpó al Sr. Solís: «Por de pronto, señor ministro, para que a Su Señoría, que ha nacido en Cabra, le llamen egabrense y no otra cosa».
Desaparecido el latín, la educación física sigue siendo una materia menor, por lo que se puede suponer que no hemos ganado en salud lo que hemos perdido en cultura. Por ello, me temo que en la actualidad, a los habitantes de Cabra se les llame de una forma más contundente pero mucho menos elegante, pese a continuar con los mismos achaques causados por la falta de ejercicio físico que cuando eran egabrenses.
Alicia V. Rubio Calle
Lea Esa cosa, de la misma autora.
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¡Una gran verdad! Hemos pasado del “mens sana in corpore sano” a la “mansana con gusano”.
;)
A los políticos y a los del pensamiento “progre” les interesa más tener gente que no piensa; para así meterles en la cabeza las consignas que ellos proponen. Está claro que una persona que sabe de dónde viene, cuál es la historia del mundo cultural al que pertenece y las aportacionaes de la cultura clásica a la humanidad, está en condiciones de tener independencia de criterio y libertad de actuación, y eso no les interesa a los que prefieren dominar masas
Realmente creo que es una pérdida para la cultura que ya no se estudien las lenguas clásicas, aunque sea un sólo curso. Un saludo.
Además no me cansaré de repetir lo que decía Aristóteles: una sociedad que sustituye la música por el deporte es una sociedad que se está degradando.
Una película que refleja este abandono de los valores, a la vez que los reclama, junto con la cultura clásica es “La versión Browning”, que recomiendo. Curiosamente no tuvo mucha resonancia.
Y un libro que fue best-seller en Italia, que refrenda lo que explica Julián F. Blanco de manera muy asequible es “Carta a un adolescente”.
Mi más sincero pésame.
Le pasaré el enlace al hijo de un amigo que ha comenzado la carrera de filosofía -todavía se enfada porque en griego no le pusieron mejor nota.
Con tu permiso, tomaré presta la anécdota final para llorar un poco desde mi blog.
Un saludo
Pues viendolo asi, es mas util un educador en africa que un ingeniero, total, es mejor enseñarles a escribir y darles cultura para que asi puedan ponerse en la calle a pedir con un carton escrito, que enseñarles a fabricar pozos, calentadores de agua, etc … y valerse por si mismos.
Inaudito es realmente el último comentario. Tanto las ciencias como las letras son imprescindibles para el desarrollo. ¿O es que los ingenieros no saben leer?
María, hay comentarios que se retratan por si solos. Lo hemos aprobado por no contener insultos ni ser ofensivo pero efectivamente es inaudito y desconoce la gran tradición humanista de científicos e ingenieros
Para mí lo inaudito sería leer a ingenieros que no saben escribir un informe porque los pedagogos lumbreras de la progresía consideran mejor la ciencia o la técnica que las letras.
Claro que lo más paradójico es que muchos de esos apóstoles de la pedagogía progre, que ponen a la ciencia como algo en lo que debe concentrarse la enseñanza excluyendo a las demás formas del saber, luego te dicen cosas como que un embrión humano o un feto humano no son seres humanos…
Este artículo no pretende relegar el papel de la ciencia frente a las letras. Yo creo que son complementarias. Cuando una persona tiene una base humanística sólida (que perfectamente se puede adquirir en enseñanzas no universitarias), va a tener unos sólidos conceptos morales, una capacidad de expresión escrita que no le va a avergonzar en el futuro y puede llegar a ser un excelente ingeniero que enseñe a hacer pozos en Africa.
Sin formación humanística, el ingeniero solidario, cuando cuente sus experiencias, carecerá de capacidad y parecera menos valioso de lo que puede que sea como ingeniero, sin que esas carencia le haga ser mejor ingeniero. Sobre el espíritu crítico, capacidad de análisis, valores éticos del ingeniero solidario…hay personas excelentes que no saben que otros marcaron las sendas de la bondad humana. Otros, a falta de directrices, creen que todo vale. No se. Yo a mis hijos prefiero que no les falte cultura humanística que les haga pensar, reflexionar y tratar de seguir las conclusiones que les harán ser mejores personas.
enlazando con el último comentario estoy segura de que a ningún humanista le cuelan que el feto no es un ser humano (hasta los abogados saben que tiene derechos legales), a ningún científico con conocimientos de filosofía, ni a la mayoría de los científicos sin conocimientos humanísticos.
Que el feto no es humano o que el feto no está vivo solo cuela en gente a la que, a falta de principios sólidos se la puede ideologizar para que comulgue con ruedas de molino.
Tener valores éticos es incómodo y trabajosos, pero vacuna contra sectas e ideologías ¿inauditas?
Enhorabuena Alicia, gran éxito de visitas y comentarios en tu web. Un abrazo, Teresa
Me ha parecido muy interesante este post. Nosotros también fomentamos el uso del latín con materiales didácticos que ayudan a muchos profesores. Creo que es algo que no se debería perder. He aquí un ejemplo:http://www.der-roemer-shop.de/Rollos-de-papiro-en-Latin:::42.html?XTCsid=7bmuer0qna62u218d5i5ugqufrgigjlp
¡las lenguas clásicas, no están muertas!