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Adiós EpC. Hola Valientes

Adiós EpC. Hola Valientes

Escrito el 03/02/2012 con 0 Comentarios

La noche que el ministro Wert certificó el fallecimiento de la EpC, mi marido y yo nos bebimos unas cervezas, celebrando con un brindis por primera, y espero que última vez, un óbito (nada que ver con la maravillosa oración de San Agustín “No llores si me amas”).

Dormí mal y tuve un extraño sueño en el que sentía mucho, con esa tristeza más profunda que la real, nacida de los sueños tristes, despedirme de unos niños descalzos y en bicicleta por el agua, de unas personas, con caras desenfocadas, a las que me unía un inmenso cariño, con las que conversaba sobre la forma de hacer una paella (los sueños son así de tontos) y sobre cómo los niños, al igual que los granos de los distintos arroces, necesitan esa agua diferente, esa diferente forma de cocción que nadie, sino los que los conocen, saben añadir y administrar para que alcancen su punto idóneo. Me sentía arropada, reconfortada y querida… pero me iba, o se iban ellos, con sus niños que jugaban en la arena…

Me desperté con la pena del que se despide para siempre. Los sueños tristes, angustiosos o alegres, parecen pesar menos después del desayuno y ,además, estaba la alegría del final de la pesadilla de EpC. Sin embargo, el final de una pesadilla no lograba eliminar un extraño sueño de añoranza.

Qué tontería la mía… lejos de querer que el posible final de una batalla nos permita a todos relajarnos en una vida tranquila y cotidiana, en vez de alegrarme completamente porque ya podemos, como Frodo y sus amigos, volver cada uno a su mundo, siento nostalgia por esos momentos en los que, perdiendo batalla tras batalla, cuando la metralla caía sobre nuestro hijos, miraba a mi alrededor y veía que ni uno solo de mis compañeros había retrocedido un paso. Os admiraba y me volvía más fuerte.

Simplemente, no quiero perderos.

Es posible, tristemente posible, que se abran nuevos frentes, pero no me apena, porque sé que los voy a luchar con ese grupo de valientes a los que vi cerrar filas mientras las bajas diezmaban nuestras posibilidades de éxito.

Gracias a todos.

Alicia V. Rubio Calle

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