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Universo y Dios

Universo y Dios

Escrito el 27/02/2012 con 5 Comentarios

Hace algunos años cayó en mis manos una referencia periodística[1] donde se informaba de una notable reunión con la participaron de astrónomos de todo el mundo, de todo credo religioso, o sin él,  llevada a cabo en Roma, por ser más exactos, en las dependencias que el Vaticano mantiene como observatorio astronómico[2], que se había marcado como objetivo principal intentar analizar la estructura de las galaxias y su evolución en el tiempo, partiendo de su experiencia como observadores del cielo.

Pasado el tiempo y al hilo de este recuerdo, no me he resistido a la idea de hacer una reflexión acerca de la idea, y los conocimientos, que hoy tenemos del Universo y si es compatible con el «Cielo de Dios» que se reza en el Padrenuestro o, en sentido más amplio, cómo podemos armonizar Ciencia y Religión.

Creo de capital importancia que la presencia del magisterio de la Iglesia Católica y su evolución con los tiempos, en todo lo que se refiere a la Ciencia, puede ser trascendental para poder analizar este espinoso debate. En definitiva, de lo que se trata es de responder a una pregunta que el hombre, con más o menos preparación científica y/o cultural o, por simple curiosidad, siempre se ha hecho y cuya respuesta le inquieta en la misma medida con que se la formula: ¿Es compatible la ciencia con la religión, la investigación, en constante evolución, con la creencia en un Dios Creador, en otras palabras, el conocimiento racional (gnosis) con la fe?

Ante estas inquietantes preguntas, lo primero que salta al pensamiento es hacerse otras, en cuya respuesta, quizá, se encuentre el hilo conductor que pueda dar respuesta a las primeras: ¿qué tenemos que decir y hacer, hoy y ahora, los científicos que nos confesamos cristianos? y, lo que es más importante, ¿qué nos demanda nuestra moderna sociedad de la ilustración y el consumismo sin freno ante la falta de valores morales y crisis de referencias espirituales en los que está inmersa?

Quizá apercibamos una tenue luz que, con su consistencia y firmeza, nos guíe en la búsqueda de la respuesta apropiada, si nos afirmamos en el convencimiento de que una institución con veinte siglos de antigüedad, como es la Iglesia del siglo XXI, no debe tener aprensión; en primer lugar, de los retos que el desarrollo científico constantemente le plantea, pese a quien no lo quiera entender así, dentro y fuera de la propia Iglesia; y en segundo lugar, a que esos mismos avances, por ejemplo, la cognición exacta del momento en que se produjo el Big Bang y qué ocurrió en ese mismo instante[3], pudiesen cambiar la interpretación de los textos bíblicos que narran, con indudable encanto poético y sencilla imagen, el comienzo de los tiempos. Si partimos de la veracidad de estas premisas, y la enseñanza de la Iglesia así nos lo permite presentir, podríamos ir más allá en nuestras preguntas ¿en qué radica el problema?, ¿porqué una parte, más o menos significativa de científicos, de todo credo y condición, se empeña en apartar a Dios de la Ciencia y a la Ciencia de Dios? Una posible respuesta que nos ayude a  penetrar en el sentido de la pregunta, la tenemos en palabras del profesor Julio Navarro[4], prestigioso investigador y astrónomo, de la Universidad de Victoria, Columbia Británica (Canadá), cuando, entre otras aseveraciones, afirma con rotundidad meridiana que la ciencia y la religión no están reñidas, o siglo y medio antes, el célebre astrónomo Angelo Secchi (1803-1895) cuando decía: De contemplar el cielo a Dios hay un trecho corto.

Por si esas dos  excepcionales declaraciones no fuesen suficientes para desterrar la dicotomía Ciencia y Dios, no puedo dejar de exponer otras dos que, por su especial procedencia, no nos pueden dejar impasibles; la primera corresponde al mismísimo descubridor de la teoría de la Evolución, Charles Darwin (1809-1882): Jamás he negado la existencia de Dios. Pienso que la teoría de la evolución es totalmente compatible con la fe en Dios. El argumento máximo de la existencia de Dios me parece la imposibilidad de demostrar y comprender que el universo inmenso, sublime sobre toda medida, y el hombre hayan sido frutos del azar; la segunda, de quien enunció la Teoría de la Relatividad y uno de los físicos más ilustres y relevantes de todos los tiempos, Albert Einstein (1879-1955): El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir.

Por eso, creo que los cristianos, que hoy hacemos ciencia, afortunados conocedores, según nuestra Fe, de la Buena Noticia de la que es portadora nuestra Iglesia, debemos, no sólo apoyar, sino colaborar sin miedo y con especial afecto en cuantas iniciativas, en pro de la búsqueda del saber, sin otro interés que el del propio saber, signifiquen un avance en la comprensión del universo que nos rodea y sean, a la vez, un medio para encontrar a ese Dios que el hombre busca con ansiedad y turbación, por ejemplo, en ese universo que escrutamos y del que aguardamos algún indicio que desencadene la posibilidad cierta de que no estemos solos en la inmensidad del cosmos y que nuestra soberbia de fatuos diosecillos pueda ser reconducida por los caminos de la humildad que da el saberse pequeño entre lo inmenso y grandioso de la maravilla que exploramos.

Marcos Antonio Galiana Cortés, Licenciado en Ciencias Físicas


[1] Irene Hernández Velasco. Revista de Ciencia. “El Mundo” (03.10.2007).

[2] Ver www.vaticanstate.va (español)

[3] Unos 10-35 segundos antes del tiempo de Planck. Un cambio de fase causó que el Universo se expandiese de forma exponencial

[4] Irene Hernández Velasco. Revista de Ciencia. “El Mundo” (03.10.2007)

5 comentarios

  1. MR (Monárquico y Republicano)27/02/2012 at 22:16Reply

    Interesantísimo lo que dice D. Marcos… A riesgo de abundar, digo yo que, si la ciencia está en contínua evolución, es porque no es concluyente. No creo que a nadie se le ocurra decir que ya se ha descubierto todo lo que se tenía que descubrir: surgen nuevos descubrimientos que desbancan viejas teorías para ser sustituídas por otras nuevas mientras que, de forma burda, muchos dicen que ésta o aquélla según nace, desbancará a la fe. Y, sin embargo, ahí sigue y siempre encuentra su hueco.
    Utilizar la ciencia para atacar la fe, es tan zafio y grosero como clavar un clavo con una terracota milenaria o usar un jarrón de la dinastía Ming como bacinillo… Algo poco científico, por decirlo más finamente.

  2. Jose28/02/2012 at 12:39Reply

    Completamente de acuerdo. Soy ateo, pero no ciego. Quiero decir que uno de los aspectos más atractivos de la Iglesia católica en comparación con muchas Iglesias protestantes es que logró renunciar a la Revelación como fuente de conocimiento científico.

    De ahí que por razones lógicas no pueda haber ninguna tesis científica que falsee un dogma católico, o vicerversa. Vemos cada día como eso no ocurre en el Protestantismo.

    Sí es verdad que conozco a algunos católicos que se comportan en este tema como si fueran protestantes del Bible Belt de los EE.UU.

  3. Marcos Antonio Galiana Cortés28/02/2012 at 17:41Reply

    Agradezco tu comentario, MR. En efecto, la Ciencia está en constante evolución y es así como debe ser; en cuanto deje de ser así, todo se habrá acabo….., ¿todo? No, ¿habrá que recordar aquello de “los cielos y la tierra pasarán, mis palabras, no psarán”?

  4. María M28/02/2012 at 18:20Reply

    De hecho la ciencia sostiene ahora la existencia de tres fuerzas que forman todo el universo: la nuclear fuerte, la nuclear débil y la gravedad; no descartando que las tres sean la misma. A mí eso me suena… Un saludo.

  5. Marcos Antonio Galiana Cortés01/03/2012 at 20:42Reply

    Desde aquí doy las gracias María M. y a Jose por sus comentarios. Siempre son bienvenidos para intentar mejorar.
    El devenir del conocimiento científico nos traerá más de una sorpresa y lo que hoy parece blanco, mañana no lo es tanto y denro de una semana, quizá ya sea negro. Con las teorías sobre el Universo este aserto es, si cabe, más llamativo

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