Profesionales por la Ética
El timo de la ideología de género (II): la liebre enloquecida

El timo de la ideología de género (II): la liebre enloquecida

Escrito el 18/04/2012 con 8 Comentarios

 

El ser humano es una mezcla indisoluble de su ser biológico y su ser cultural. La mejor imagen de esta realidad es un animal con los pies anclados en una tortuga, su evolución biológica, y la cabeza atada a una liebre, su evolución cultural.

Nuestra realidad biológica nos ata a un cuerpo que evoluciona con exasperante lentitud mientras que nuestra evolución cultural, en los 200 últimos años, nos ha llevado tan lejos que, los pies en la tortuga y la cabeza en la liebre, nos suponen unos enormes problemas de equilibrio que, si no resolvemos en cada momento, sólo nos trae infelicidad.

No podemos negar que nuestra parte biológica nos afecta puesto que somos nuestro cuerpo. Estamos anclados, nos guste o no, a un cuerpo que ha evolucionado durante millones de años y ha buscado o potenciado las estrategias evolutivas que le facilitaban su supervivencia: la supervivencia como especie o, según los genetistas, la transmisión de los propios genes.

Es evidente que la reproducción sexuada suponía unas grandes ventajas respecto a la asexuada, entre otras la mejora por combinación de genes y la posibilidad de mutaciones beneficiosas. La supervivencia demostró que la implicación de dos individuos facilitaba la supervivencia de la prole y que la especialización de los seres sexuados también era beneficiosa: por explicarlo de otra manera, las hembras más sedentarias tenían más probabilidades de llevar a término sus embarazos y su menor agresividad las preservaba vivas, lo que era una ventaja evolutiva para sus embriones  y las crías ya nacidas, que tenían así su protección y la lactancia asegurada. Si esas hembras contaban con machos más agresivos y menos reflexivos que defendieran la prole y que buscaran alimento, sus posibilidades de supervivencia eran mucho mayores.

La evolución acabó dando prioridad de supervivencia a las hembras sedentarias y a los machos agresivos a través de los genes que sobrevivían en los descendientes.

Era lógico que la naturaleza, que en cuestión de supervivencia no se anda con tonterías, preservara con comportamientos más conservadores, sedentarios y reflexivos al ser más valioso, las hembras, puesto que con su muerte se pierden los posibles embriones y las crías lactantes, y sacrificara a los menos valiosos machos en labores de defensa y caza dotándole de comportamientos más agresivos, más irreflexivos, más temerarios y más competitivos, así como mayor fuerza física y envergadura. Las hembras, más débiles, con mayor anchura de cadera y mayor laxitud articular para facilitar el paso del feto en el parto, lo que les hacía estar menos adaptadas a determinados esfuerzos físicos estaban, en cambio, perfectamente adaptadas para la maternidad. No creo que haga falta decir que la valoración de hombres y mujeres como más o menos valiosos se hace desde el punto de vista de la supervivencia de la especie y los genes, nunca desde su dignidad o derechos.

Millones de años después, cuando veo a mis alumnas sentadas hablando,  mientras sus compañeros compiten con dureza por dar golpes a un balón, simplemente veo a sus seres biológicos actuar de la forma que ha preservado a nuestra especie hasta hoy.

Cuando mis alumnas, obligadas a jugar al fútbol, se cubren la cara y el cuerpo para no recibir el balonazo mientras sus compañeros reciben el impacto con los brazos abiertos y el cuerpo desprotegido, veo las hormonas regando su cerebro de progesterona y testosterona respectivamente, haciéndoles comportarse instintivamente como a la naturaleza, a la biología, le ha sido más rentable para que los genes humanos más idóneos sobrevivan.

Y, de repente, llega la ideología de género, la negación total de la base biológica, la cabeza de la liebre, tratando de huir de los pies de tortuga donde se asienta.

Al grito de «somos lo que educativamente y culturalmente queramos ser», «nos educaron distinto y por eso actuamos y pensamos distinto» y «somos y queremos ser iguales, eliminemos las diferencias» la mujer que estaba en el lugar que le correspondía por fin, igual al hombre en derechos y dignidad, ha pasado a tener que ser un hombre, asumir comportamientos de riesgo, ser competitiva, despreciar cualquier cosa que le impida ser un hombre y, en especial, su gran lacra: la maternidad.

Supongo, por ello, que la constatación y la aceptación de que la función biológica de la mujer, su rol vital en la evolución, para la que está perfectamente acondicionada tanto en su anatomía, su fisiología, sus procesos cerebrales y sus comportamientos instintivos es la maternidad, no es algo fácilmente asimilable por algunos, pero sí es fácilmente demostrable.

Sin embargo, actualmente, los comportamientos femeninos han pasado a ser únicamente taras culturales, roles inculcados, jamás una elección personal o una actuación con bases biológicas. No se trata de afirmar que sea una obligación personal para las mujeres actuales el ser madres, pero entender todo esto puede ayudar a la verdadera mujer, no a la construida socialmente, a situarse en el mundo, a comprenderse, a ser comprendida, y a elegir libremente, entendiendo su origen, su función y sus deseos.

En deporte esta igualdad impuesta se ha enfocado en estupideces como tratar de que hubiera igual número de equipos masculinos y femeninos en deportes de gusto masculino como el fútbol, achacando la diferencia de participación a los estereotipos culturales inculcados, a los prejuicios sociales … jamás a algo tan evidente como los gustos e intereses diferentes. Nunca oí yo que, en aras de la igualdad, se tratara de equiparar el número de chicos que practicaran aerobic, ballet,  o natación sincronizada, al de chicas.

La igualdad consiste en que las mujeres traten de ser «hombrecillos incompletos» y en valorar, como buenos, los comportamientos y gustos masculinos.

Quizá educando de forma totalitaria y absorbente a las mujeres para que actúen como hombres, proscribiendo socialmente sus instintos hasta hacer que se avergüencen de ellos, se consiga algo pero, desde luego, difícilmente que sean felices.

Cada paso de la liebre que la aleja de sus pies de tortuga, esos que trata de eliminar, sólo producirá desconcierto y dolor en un animal complejo cuya estabilidad pasa por no olvidar partes de su propio ser en esa huída hacia adelante.

Alicia V. Rubio Calle

8 comentarios

  1. María M18/04/2012 at 08:01Reply

    Felicidades por este artículo tan esclarecedor.

  2. Mercedes18/04/2012 at 12:10Reply

    ¿No habéis visto a los niños de 15 meses tirarse al suelo? Entre varios, he tenido niño y niña al mismo tiempo. Jugaban a tirarse al suelo, la niña lo mismo que su hermano, sólo que caía de culete con delicadeza mientras él sistemáticamente se dejaba los muslos llenos de cardenales. Y no se trataba de roles aprendidos, que jamás les he dicho a ninguno que no hicieran algo que no fuera realmente peligroso, y un juego tan tonto no se lo enseñamos nadie, se les ourrió a ellos solos.

  3. alicia18/04/2012 at 18:32Reply

    Gracias María.
    Muy buena anécdota Mercedes.
    Que la ideología de género es una mamarrachada se ve a cada momento, en cada acto de hombres y mujeres, aunque sean enanitos de 15 meses.
    Hay unos estudios muy odiados por los defensores de la IdG en los que se demuestra que los las niñas menores de 18 meses (algunas incluso de 9 meses), que ni saben que son niñas, ni tienen “construcción de género” estereotipos inculcados, ni zarandajas a esa edad, eligen mayoritariamente como juguete una muñeca, mientras los niños eligen de forma mayoritaria el otro que se les ofrece: un coche.
    Sin embargo, como no hay peor ciego que el que no quiere ver, estamos como estamos.

  4. Soraya19/04/2012 at 01:23Reply

    ¿En serio crees que no hay un estereotipo inculcado en los bebés? ¿Quién se hace cargo normalmente de los bebés: el papá o la mamá? Normalmente, y por desgracia ya que muchos hombres no asumen sus obligaciones paternales como deberían, es la mujer la que realiza la aplastante mayoría de actividades de cuidado de los hijos menores de un año. Incluso se ha demostrado que los más pequeños tienen un sentido lógico y muestran sorpresa ante situaciones que son ilógicas matemáticamente hablando. Fíjate si no se dan cuenta de quién los cuida y quien hace labores más superficiales (el baño, un poco de juego, paseíto por el parque).

    La evidencia es que no hay nada que haya podido demostrar la existencia del llamado “instinto maternal” y sí hay mucho sobre el apego cuando el hijo ya ha nacido.

    Estoy de acuerdo en que en las últimas décadas se ha tendido a infravalorar aquellas funciones que habían pertenecido socialmente a la mujer: cuidado de personas, labores del hogar, etc. Pero que la sociedad se rigiera por estas normas sociales durante determinadas etapas culturales no quiere decir que el hecho de que una mujer adopte comportamientos clásicos masculinos sea algo negativo; igual que no es negativo que sea el varón el que adopte comportamientos que han sido tradicionalmente femeninos. El problema es que la mayoría de las mujeres hemos aceptado que podemos realizar funciones históricas tanto femeninas como masculinas, pero muchos de los varones no han asumido funciones tradicionalmente femeninas y así es como nace la desigualdad y las llamadas “superwoman”.

    Actualmente no tengo hijos, si los tuviera en el futuro no me lo imagino sin que mi pareja participe en la crianza de nuestros descendientes al cincuenta por ciento, por poner un ejemplo. Mi pareja sí cree en la igualdad y en la importancia del feminismo (que no es sinónimo de machismo) porque es muy cierto que las diferencias entre hombres y mujeres sólo se encuentran en aspectos puramente biológicos, más allá, la distinción sólo se encuentra en las mentes de aquellos que se niegan a evolucionar y crear una sociedad más justa.

    P.D. Yo jugaba con muñecas, con coches, con indios, con los lego y con cocinitas. También me gustaba jugar al fútbol y al baloncesto, odiaba voleibol, aérobic y balonmano. Debe ser que no era una niña normal por no elegir sistemáticamente juguetes tradicionalmente femeninos. A pesar de mi anormalidad, me encanta ver como en mi gimnasio también hay hombres que participan en actividades que tú consideras femeninas: es una gozada verlos hacer step, GAP o aérobic, incluso hay bastantes mujeres haciendo máquinas en la sala de musculación. Quizás el mundo esté cambiando más de lo que piensas ;)

  5. alicia19/04/2012 at 08:48Reply

    Soraya, tu eras una niña tan normal como cualquiera, con tus propios gustos que, afortunadamente te dejaron desarrollar. Las inercias mayoritarias de hombres y mujeres no implican más que que son mayoritarias, uno se da cuenta y ya está. Es normal que las mujeres seamos de talla inferior a los hombres, pero algunas hay mujeres muy grandes, más que la mayoría de los hombres.
    El problema viene cuando se empieza a obligar a cumplir los nuevos “estereotipos sociales” un mundo de hombres y mujeres iguales a los que les tienen que gustar las mismas cosas porque es la única forma que tiene la IdG de legitimarse.
    Hombres y mujeres somos biológicamante distintos y nos determina mucho más de lo que estamos dispuestos a asumir y desde luego, la IdG necesita que olvidemos que detras de cada mujer ( y de cada hombre)hay millones de años de evolución biológica con otros intereses que crear una sociedad igualitaria.Concretamente la supervivencia de la especie.

  6. alicia19/04/2012 at 08:57Reply

    Naturalmente que somos iguales en dignidad y derecho, y en inteligencia, pero las hormonas que irrigan nuestro cerebro nos hacen tener distintas percepciones sobre las mismas cosas.
    Los niños distinguen quien les lava pero de ninguna manera están capacitados para identificarse con uno u otra en cuanto a roles porque no saben si son chicos o chicas ni lo que implica. Es más, ahora que los papás lavan iguamente a los bebes supongo que veremos muchos chicos jugando a las muñecas. me parece muy bien si lo hacen libremente.
    A los 9,12 meses no existen comportamientos imitativos por identificación con un padre o una madre, existen comportamientos imitativos del adulto en general. algún niño se ha puesto los tacones de su mama para imitar al adulto favorito y fín,no para identificarse con su rol social. Pero no hablamos de comportamientos imitativos sino de la posibilidad de comportamientos instintivos que nos han hecho llegar aquí como especie.

  7. alicia19/04/2012 at 09:06Reply

    Estupendo que haya chicas en musculación y chicos en aerobic. Siempre que lo decidan libremente.
    De todas formas, si me das datos, dame estadísticas. Cuenta las mujers y los hombres en las carreras populares de fondo (he corrido muchas) ¿tú crees que corren menos de un 10% porque los roles sociales se lo impiden?¿Los estereotipos? ¿está mal visto?
    Yo creo saber la razón, que en mi opinión nada tiene que ver con eso.

    Tú crees que yo no quiero que hagamos las mismas cosas y me hablas de los tiempos que cambian como si yo fuera un dinosaurio. No te has dado cuenta del planteamiento y tratas de defender una igualdad que yo tengo ya asumida.
    No, yo quiero que hagamos lo que queramos hacer, que practiquemos todos lo que queramos practicar, y si las estadísticas no coinciden con lo que manda la IdG, que no nos obliguen a cumplirlas.

Escribe un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Search
Histórico