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Las claves de lo que está pasando (y IV): la libertad religiosa, primer derecho del hombre

Las claves de lo que está pasando (y IV): la libertad religiosa, primer derecho del hombre

Escrito el 05/04/2012 con 0 Comentarios

La última cuestión que podemos destacar del discurso de Benedicto XVI al Cuerpo Diplomático de enero de este año y de su propuesta de las claves de la realidad del mundo de hoy, es la relevancia que, una vez más, el Santo Padre otorga a la libertad religiosa. «Se trata, afirma el Papa, del primer derecho del hombre, porque expresa la realidad más fundamental de la persona».

Junto a este carácter prioritario de la libertad religiosa derivada del nuestra intrínseca naturaleza de criaturas, Benedicto XVI insiste también en la triple dimensión de la libertad religiosa: «ésta se caracteriza por una dimensión individual, así como por una dimensión colectiva y una dimensión institucional».

No se trata, por lo tanto, de una cuestión exclusivamente íntima, como con tanta frecuencia se pretende. La libertad religiosa es, ciertamente, personal y tiene su insustituible raíz en una elección interior en el espacio íntimo de la conciencia. Pero esta intimidad no agota su despliegue, que necesariamente acompaña a todo lo que es propio de naturaleza social de la persona. De ahí el énfasis en las dimensiones colectiva e institucional de la libertad religiosa, sin las cuales ésta quedaría constreñida, amputada. En definitiva, la libertad religiosa necesita una dimensión cultural sencillamente porque el hombre es un ser cultural.

Otro aspecto de la libertad religiosa que preocupa severamente a Benedicto XVI desde el inicio de su Pontificado es el de las agresiones que este «primer derecho del hombre» sufre en nuestro mundo. Así lo expresa también en el discurso que estamos glosando: «este derecho, con demasiada frecuencia y por distintos motivos, se sigue limitando y violando. Al tratar este tema no puedo dejar de honrar la memoria del ministro paquistaní Shahbaz Bhatti, cuyo combate infatigable por los derechos de las minorías culminó con su trágica muerte. Desgraciadamente no se trata de un caso aislado. En muchos países, los cristianos son privados de sus derechos fundamentales y marginados de la vida pública; en otros, sufren ataques violentos contra sus iglesias y sus casas. A veces son obligados a abandonar los países que han contribuido a edificar, a causa de continuas tensiones y de políticas que frecuentemente los relegan a meros espectadores secundarios de la vida nacional».

Y tal vez mirando a nuestra Europa relativista, Benedicto XVI se refiere a otras formas de agresión a la libertad religiosa, menos violentas pero no menos reales: «en otras partes del mundo, se constatan políticas orientadas a marginar el papel de la religión en la vida social, como si fuera causa de intolerancia, en lugar de contribuir de modo apreciable a la educación en el respeto de la dignidad humana, la justicia y la paz».

Por último, el Santo Padre dedica su atención a otro tema fundamental en el que viene insistiendo de manera recurrente: la violencia no puede nunca ampararse en razones religiosas. «Asimismo, afirma, el terrorismo con motivaciones religiosas se ha cobrado el pasado año numerosas víctimas, sobre todo en Asia y África, y por esto, como recordé en Asís, los responsables religiosos deben repetir con fuerza y firmeza que esta no es la verdadera naturaleza de la religión. Es más bien su deformación y contribuye a su destrucción. La religión no puede ser utilizada como pretexto para eludir las reglas de la justicia y del derecho en favor del «bien» que ella misma persigue».

Jaime Urcelay

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